Científicos de la Universidad de Wuhan han creado el reloj atómico más pequeño del mundo, del tamaño de una uña, que pierde solo un segundo cada 30.000 años. Este dispositivo utiliza captura de población coherente y sistemas ópticos compactos, reemplazando los voluminosos componentes tradicionales. Su miniaturización permite que drones militares y civiles lleven una referencia temporal ultraprecisa, mejorando la sincronización, navegación y coordinación de enjambres incluso sin GPS. La tecnología tiene aplicaciones más amplias en navegación autónoma, exploración submarina y redes de sensores. En esencia, representa un salto revolucionario en precisión y movilidad para sistemas que dependen del tiempo.