En varias ciudades de Dinamarca y Reino Unido se ha empezado a sustituir la iluminación tradicional blanca o amarilla de miles de farolas por luz roja para reducir la contaminación lumínica y minimizar el impacto negativo que la luz blanca-azul tiene sobre los ecosistemas nocturnos y los ritmos biológicos humanos, mejorando así aspectos como la producción de melatonina y la salud del sueño; esta iniciativa, que busca crear un equilibrio entre seguridad, respeto ambiental y bienestar, ha generado debate en España sobre la posible adopción de cambios similares en el alumbrado público, aunque todavía existen retos técnicos y de percepción social que afrontar antes de implementarlo ampliamente.
David Campos Encinas 2º Bach. M