El artículo señala que en 2026 el fraude en línea seguirá creciendo en complejidad, con la suplantación de identidad como principal amenaza gracias al uso de deepfakes e identidades sintéticas, mientras otros riesgos como los ataques de emulador e inyección ganan peso, especialmente en el sector financiero y el comercio electrónico. Aunque algunos ataques clásicos disminuyen, la inteligencia artificial actúa como una herramienta de doble filo al facilitar tanto el fraude como su detección, lo que obliga a las empresas a reforzar sus defensas mediante biometría, análisis conductual y sistemas avanzados de prevención basados en IA.
Miguel Gómez García 2ºM