jueves, 28 de mayo de 2026

La nave Voyager 1 sigue enviando señales a 25.000 millones de kilómetros de distancia: pero en 2023 algo cambió y nadie lo entiende



El espacio exterior es sin duda lo más desconocido que existe para el ser humano, y es que a pesar de que llevamos más de 50 años investigándolo, los avances son mínimos si lo comparamos con otras áreas de investigación. No es que el trabajo de todas las personas que se han dedicado a esto sea poco, pero lo cierto es que ni siquiera sabemos todo de la Luna, y eso que es de lo más cercano que hay en el planeta Tierra.

Obviamente esto se debe a todas las complicaciones que hay para la investigación, y la enorme cantidad de dinero que supone el hecho de salir al espacio y volver a entrar en nuestra órbita. Pero aun así instituciones y gobiernos siguen invirtiendo en todos estos proyectos para saber qué hay más allá.

Uno de los más longevos es el de la nave Voyager 1, la cual lleva 49 años alejándose de la Tierra. Esta sonda espacial robótica se lanzó al espacio en 1977 es el objeto fabricado por humanos que más lejos se encuentra de nuestro planeta debido a que está a más de 25.000 millones de kilómetros.El fondo CVC y el holding belga GBL lanzan una opa sobre la farmacéutica italiana Recordati

Esta nave es a su vez, el objeto fabricado por humanos que más lejos se encuentra de nuestro planeta y gracias a ello nos ofrece un visión de lo que nunca antes se había visto. Sin embargo, en 2023 la Voyager 1 dejó de transmitir datos científicos legibles desde el espacio.

Si bien la señal continuó llegando, el contenido era inutilizable para los investigadores. Nadie entendía por qué la sonda había dejado de transmitir datos científicos y técnicos a la Tierra de forma repentina e inesperada.

El problema también es que al ser una nave tan antigua, el código que usan sus procesadores está muy anticuado, pero ya no es solo cuestión de entender el código, también es necesario conocer una arquitectura casi irrepetible para poder arreglar el Voyager 1.

A lo que se le suma la problemática de "la gente que construyó la nave ya no vive", señala Suzanne Dodd, directora del proyecto Voyager. El equipo actual tiene que trabajar con documentación en papel, muchas veces incompleta y se encuentra en una cuenta atrás que podría suponer el fin de la misión espacial más longeva de la historia.

Esto es porque en noviembre de 2026, la Voyager llegará a una distancia tan extrema que provocará que las comunicaciones con ella tarden más de un día en llegar complicando todavía más los posibles arreglos que se necesitan para que siga siendo una herramienta útil.



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