jueves, 5 de marzo de 2026

Las armas autónomas con IA enfrentan a las tecnológicas con Trump.


El pulso entre las grandes tecnológicas y el poder militar estadounidense ha abierto un debate incómodo sobre hasta dónde debe llegar la inteligencia artificial. La empresa Anthropic ha rechazado entregar al Pentágono acceso total a su chatbot, una decisión defendida por su director, Dario Amodei, quien sostiene que usar IA para armas autónomas o vigilancia masiva chocaría con valores democráticos. La presión del Departamento de Defensa —dirigido por Pete Hegseth— ha provocado una reacción en cadena: empleados de Google y OpenAI han firmado cartas internas y públicas pidiendo a sus compañías que no crucen ciertas “líneas rojas”. Mientras tanto, la Casa Blanca impulsa el uso estratégico de la IA para mantener la supremacía tecnológica de EE. UU. bajo el liderazgo de Donald Trump, fomentando contratos millonarios entre el ejército y Silicon Valley. El artículo explora cómo empresas como Microsoft, Meta o startups militares como Anduril y Palantir ya colaboran activamente con Defensa, y cómo esta carrera tecnológica divide a ingenieros, directivos y gobiernos. Más allá del dinero, la cuestión central es ética: ¿debe la IA servir para proteger democracias o existe el riesgo de que transforme la guerra y la vigilancia para siempre? El texto ofrece claves para entender un conflicto que apenas empieza y que podría definir el futuro de la tecnología —y de la seguridad global— en los próximos años.

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Hugo Silgo Conde 2ºM

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