Un emprendedor australiano, Paul Conyngham, utilizó herramientas de Inteligencia Artificial como ChatGPT para desarrollar una posible vacuna contra el cáncer de su perra Rosie, después de que los veterinarios le dieran un diagnóstico sin opciones de tratamiento.
A pesar de no tener formación médica, pasó más de un año analizando millones de datos biológicos con técnicas de machine learning, hasta identificar una secuencia genética clave. Luego colaboró con un experto universitario para convertir ese hallazgo en una vacuna real.
Aunque la vacuna no curó el cáncer, sí logró frenar su avance y mejorar la calidad de vida del animal, demostrando el potencial de la IA para contribuir a avances médicos incluso fuera de los entornos tradicionalesk.