La inteligencia artificial (IA) es un catalizador, no una solución por sí sola. Si no rediseñamos el "cómo" trabajamos, la tecnología sólo acelerará el caos; la meta es transformar la velocidad en valor y la transacción en conexión humana.
¿Alguna vez has sentido que, a pesar de tener herramientas que resuelven tareas en segundos, tu lista de pendientes solo se alarga? No es una percepción aislada; es la nueva frontera de la gestión del talento. Un análisis reciente de Harvard Business Review plantea una verdad incómoda: la IA no está reduciendo el trabajo por sí sola; lo está intensificando.
La promesa original era la liberación del tiempo. Sin embargo, en la práctica, estamos viendo cómo la IA actúa como un acelerador en una estructura que todavía se rige por procesos analógicos.