
Un equipo científico de la Universidad de Manchester, el Instituto de Microelectrónica de Barcelona (CSIC) y el ICN2 ha desarrollado una tecnología basada en sensores de grafeno que monitoriza el cerebro después de un ictus isquémico e identifica las zonas con riesgo de sufrir más daño. Tras la obstrucción del flujo sanguíneo, unas ondas eléctricas muy lentas, llamadas despolarizaciones corticales propagadas, recorren el cerebro y pueden agravar la lesión, pero hasta ahora resultaba difícil medirlas con precisión. Los sensores de grafeno las registran con un detalle sin precedentes y permiten distinguir entre tejido relativamente sano, tejido en riesgo y tejido ya gravemente afectado. En pruebas con ratones, además, se comprobó que una dosis baja de ketamina acortaba esas ondas dañinas y reducía la extensión total de la lesión. El estudio, publicado en la revista Brain, apunta a que en el futuro esta técnica podría dar a los médicos una ventana en tiempo real al estado del cerebro durante un ictus, ayudando a detectar a los pacientes de mayor riesgo y a desarrollar nuevos tratamientos.
Fuente: 65YMÁS, 17 de octubre de 2026.