Desde que Donald Trump tomó posesión de su cargo como presidente de Estados Unidos el 20 de enero de 2025, la NASA y las misiones espaciales han ido viendo cómo se mermaba su alcance y su capacidad de actuación. La última víctima de estos recortes ha sido Marte, donde cerca de medio centenar de tubos esperaban a ser recogidos para que los científicos en la Tierra estudiaran el suelo marciano en busca de señales de vida. Es probable que esas muestras, sin embargo, nunca lleguen a nuestro planeta.
La cancelación del programa Mars Sample Return (MSR) se ha convertido en el ejemplo más evidente del cambio de rumbo en la política espacial estadounidense. El Congreso —respaldado por la nueva administración— retiró a finales de 2025 el dinero necesario para llevar a cabo la misión que debía recoger las muestras reunidas por el rover Perseverance y traerlas a la Tierra. Con esa decisión, se desmantelaba una colaboración que la NASA y la Agencia Espacial Europea (ESA) llevaban años planificando.
Juan Pérez Merino2ºM